lunes, 30 de mayo de 2016

Rasgos de la nueva educación (IV): Los MOOc como un síntoma.

Esta es la cuarta entrada de una serie de diez. Constituyen en conjunto una entrevista solicitada por INED21, una revista especializada en la nueva educación. El tipo de publicación de que se trata, dedicada a un público genérico de la profesión educativa, pero en clave de difusión y de debate de ideas, sin necesidad de ser sometidas al rigor de la publicación académica, me ha llevado a escribir estos post que espero sean de utilidad y para dar unidad a estas ideas utilizando el formato de posts de blog. Por eso en los próximos días me dedicaré a transcribir el resto de las diez respuestas en otras tantas entradas de Redes Abiertas.




1.    Sobre el fenómeno MOOC existe ya una literatura inabarcable. A partir de su análisis: "MOOC's, una visión crítica y una alternativa complementaria: la individualización del aprendizaje y de la ayuda pedagógica" 2013, ¿qué ventajas e inconvenientes, qué potencialidades y limitaciones tienen los MOOC?

Efectivamente, desde 2008 vengo estudiando el tema del conectivismo y de los MOOC. He publicado un libro donde, en base a un detenido análisis de la política seguida por las principales agencias de MOOC, las grandes empresas tecnológicas y grupos estratégicos como la Open Education Alliance (EOEA), se llega a la conclusión de que los MOOC es la parte visible de un proceso más amplio y profundo de proceso de Innovación Disruptiva, en el sentido en el que lo trata  Christensen en su teoría. Según este análisis el ciclo vital de los MOOC como tales ya ha concluido. Constituyen una fase dentro de un proceso mucho más amplio, según se analiza en el libro citado, y ahora continúan a través de nuevas propuestas, como los nanodgrées, cursos “dual layer”, etc. La razón es que la dinámica social y económica que dio lugar a ellos y de forma más amplia está en la base de lo que consideramos como una crisis de la universidad ha hecho que estos programas se hayan transformado allí donde nacieron, en las universidades nortamericanas de excelencia.
El modelo que explica el proceso no es original mío, como es obvio, el principal teórico que lo ha formulado es Clayton Christensen, a quien ya he citado, pero también  Nicholas Carr y Janet Napolitano.
En la siguiente gráfica de tendencias de Google podemos observar cómo el interés ha decaido en EE UU y Canadá, donde se originaron, y permanece e incluso aumenta de forma divergente en España:



Ahora, allí donde nacieron, y en buena parte del mundo desarrollado, los MOOC son otra cosa. Constituyen una nueva forma de educación universitaria, llamada de rendimiento, con la expedición de títulos grado y de máster convencionales pero con unas características distintas y singulares.
No cabe pues hablar mucho de los déficits de algo que ya ha muerto, aunque aquí no nos hayamos enterado, y en la actualidad se sigan organizando, con la consiguiente inversión de medios y de esfuerzos.
Hay un planteamiento crítico clásico que venimos haciendo desde 2011, cuando aquí ni tan siquiera se conocían. Es muy claro y sencillo: los MOOC son un modelo de educación que adolece de los déficits que atribuíamos a la peor enseñanza universitaria tradicional y expositiva: Clases no interactivas, apoyadas con apuntes (ahora son PDFs) y con evaluación mediante pruebas de conocimiento basadas en preguntas con respuesta múltiple.
Las ventajas son a grandes rasgos dos. Por un lado se han puesto la luz, los focos,  sobre la enseñanza online y sobre la enseñanza abierta, y por otro se ha puesto en evidencia, por su crecimiento imprevisto y acelerado, y han dado la voz de alarma sobre la crisis de la enseñanza universitaria, de la que ya hemos hablado.
En todo caso cuando se haga un balance, cuando se depure lo negativo y se haga una crítica, se deberá hacer un análisis cuidadoso, no vaya a ser que una diatriba igual de desmedida que el entusiasmo arrastre los indudables avances que se han conseguido. Como hemos dicho, el primero de estos avances ha sido simplemente poner los focos sobre la educación online y abierta. Se ha pasado de considerarla como una educación de segunda categoría a que los gestores, medios de comunicación y políticos hablen de ella. Y desde esta situación se ha pasado a discutir el uso de los entornos tecnológicos “posibles” y la potencia de los recursos abiertos. A los que venimos trabajando y estudiando la docencia virtual y el aprendizaje en entornos tecnológicos, los MOOC nos han hecho un favor inestimable.

Hay que reconocer igualmente que los  MOOC han acaparado la atención de “nuestras” universidades que, hasta su advenimiento no habían prestado ninguna atención al aprendizaje en línea. Con ello se abre paso la idea de que el aprendizaje en línea no solo consiste en instalar plataformas de enseñanza virtual, los conocidos LMS. También, con esta eclosión, los MOOCs han reclamado la atención de los consejos universitarios, de los gobernantes y  políticos, e incluso de ministros y de gobiernos completos (Francia, Reino Unido, California,…),  de una forma, y con una intensidad que el aprendizaje formal en línea nunca lo ha tenido. Esto ha forzado a muchas universidades a pensar por primera vez  estratégicamente sobre el aprendizaje en línea.


La parte negativa sin embargo es que se están viendo los MOOC como la única forma de aprendizaje en línea que merece la pena considerar.  Y que cuando fracase, si fracasa éste, se vea como un fracaso de todo el aprendizaje en línea. Personalmente no creo que esto suceda pero sí que habrá un pensamiento débil que atribuirá los males que se originen a partir de los MOOC a todo lo que sea aprendizaje virtual.

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