lunes, 12 de diciembre de 2011

La corrupción como valor social operante alcanza a la educación


Había un anuncio de neumáticos que decía algo así como que la potencia sin control no vale de nada. Cuando hablamos de educación puede valer de algo, pero en todo caso de nada bueno.
Los rankings, las pruebas de conocimientos puntuales, etc. vinculados a políticas de incentivación y de financiación, sin una evaluación de calidad formativa, continua y en bucle, que tenga en cuenta el aprendizaje en todas sus fases, y sin una evaluación de la docencia, y de las políticas docentes vinculadas  prioritariamente y en estrecho feedback a objetivos de calidad en el aprendizaje, da lugar a situaciones como las que se describen en "Exam boards scandal: the economic pressures that broke the system 
El fraude, el plagio y en general la crisis de ética académica que padecen nuestros alumnos no son frutos que crezcan en un erial, no son más que el reflejo muchas veces de una ética y de un sistema de ideas que la justifica a ojos de nuestros estudiantes. Que está amplia y sólidamente asentada tal como se percibe: visiblemente desligada de las proclamas de nuestras autoridades que suenan cada vez más huecas y menos confiables. Ética que, en un bucle sin fin, encuentra su justificación en el estado general de crisis de valores que ellos mismos cultivan.

Viene a cuento pues recordar (Zapata, 2010 p.9) que la evaluación no es solo 
  •  los instrumentos mediante los que se recogen los datos evaluables, 
  •  la calificación que merecen los aprendizajes evaluados.


Para que la evaluación cumpla sus funciones necesitamos otros tener en cuenta otros muchos factores, pero particularmente para la evaluación de las competencias son imprescindibles:
  • Los criterios de evaluación que nos indican la bondad de la evaluación, 
  • el acto de emisión de juicios de valor, 
  •  los objetivos y referentes de evaluación, 
  • la conformación de decisiones educativas de mejora conceptual y procedimental comprensibles y justas para profesores y para alumnos, entre otros

Todo ello discutido, consensuado y documentado no de forma burocrática, sino crítica y personalizada.
La evaluación de competencias plantea un supuesto adicional: por su propia naturaleza las competencias deben ser observables y evaluables y lo son básicamente por medio de las conductas que los  sujetos generan ante problemas de naturaleza variable, en contextos de condiciones cambiantes y en distintos contextos sociales.
Este hecho plantea una cuestión ineludible: la sustitución o al menos la coexistencia de métodos e instrumentos tradicionales por otros que, o no se han utilizado, o si se ha hecho no ha sido con carácter  de validación de los conocimientos adquiridos, o con un peso sustancial en la evaluación.
Se trata de la sustitución o alternancia significativa de procedimientos, herramientas y formas de evaluar los conocimientos mediante procesos puramente descriptivos o conceptuales (exámenes, pruebas de destreza, problemas teóricos,…) por otros, donde se tenga en cuenta la simulación en situaciones reales de casos prácticos, con metodologías de indagación, de investigación formativa, con elaboración de proyectos, etc. y con la observación por parte del profesor de aspectos de desenvolvimiento personales del alumno en la ejecución de tareas y en la resolución de problemas.
Es un desafío el uso de estas herramientas y métodos sin plagio ni fraude, urge pues en parelelo un rearme en valores como principal estrategia (Zapata, 2010 pp. 17 a 21) y una revalorización del concepto y del autoconcepto del docente, dotando de significación social su función.
Y también urge tener en cuenta la ayuda que suponen a estos métodos los entornos sociales de aprendizaje, en una concepción compleja e instrumental.
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Zapata, M. (2010). Estrategias de evaluación de competencias en entornos virtuales de aprendizaje. RED. Revista de Educación a Distancia. Sección de Docencia Universitaria en la Sociedad del Conocimiento. Número 1. Consultado el 10/12/2011 en http://www.um.es/ead/reddusc/1.

1 comentario:

  1. Hola,

    Es curioso, porque al leer todo esto con lo cual coincido. No puedo dejar de apreciar el matiz de la edad en el alumno.No es lo mismo, evaluar a un joven que evaluar a un adulto...y puede parecer una nimiedaz pero no lo es. Hay que tener un tacto pedagogigo diferente porque el alumno adulto -suele- tener unos principios de actuacción a los cuales suele ser consecuente y muy fiel ( este fáctor también se aprecia en lo escrito ).

    Curiosamente he aprendido más de los maestros que me han descargado de carga lectiva, (todos ellos eran formadores de formadores y conocen bien la educación). Cuando el profesorado no se coordina y no sabe lo que ha mandado el otro compañero , se cae en el error de sobrecargar al alumno y de ahí la picardia correspondiente del discente para salir del paso.

    Es un juicio fácil y demasiado simple pensar que al alumno lo que más le interesa es aprobar ( aunque exista este perfil) en una valoración positiva están en juego valores como: la autoestima; la presión social-familar ; el factor económico; el afán de superación y otros etc, etc.

    Dice juan Bautista Martinez Rodiguez :

    " En definitiva , la satisfación o insastifación que nos reporta la esfera pública termin por influir en nuetra vida privada, acaba por afectar a nuestras creencias; y viceversa . Por tanto, es necesario el análisis de la relación entre lo público y lo privado, por cuanto esa relación oculta mecanismos de identidad tramposos que impedirá ser competentes en ciudadania "(Fuente del texto: Gimeno Sacristan, J ( 2008) Educar por competencias, ¿ qué hay de nuevo?. Madrid.Morata

    ( Este libro es composición de Gimeno , pero incluye a Ángel I. Pérez Gómez; J.Bautista Martinez Rodriguez; JURGO Tores Santomé; Félix Angulo Rasco y Juan Manuel Álvarez Méndez)

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